DEL LIBRO " DE SOBRAS Y OBRAS". OSCAR SIERRA-PANDOLFI

LA POÉTICA  DE SALVADOR MADRID: AUSENCIA DE ESTILO Y PROBLEMAS FORMALES.

Oscar Fernando Sierra-Pandolfi

La poesía de Salvador Madrid  en “Mientras la Sombra” (2018) nos percata de cierta raigambre existencial, con algunos bien elaborados versos que podrían definirlo como un poeta en proceso de maduración creativa, quizás no intelectual, del cual estamos enormemente convencidos de su elevada lectura, no conforme a sus niveles bajos estéticos en la escritura, contrario, lector y escritor, se subsumen en una distancia entre lo uno y lo otro. El perfil de poeta y la identidad como intelectual; ambas figuras de individuación separadas ciertamente, primero, porque la poesía de Salvador Madrid carece de muchos dispositivos retóricos y más que todo, la carencia de novedad e innovación lo hacen vincularse al canon clásico de las viejas vanguardias.

Como lo plantea Cohen (1991): “La poética es una ciencia cuyo objeto es la poesía. Este término, poesía, en la época clásica tuvo un sentido inequívoco. Designaba un género literario, el poema, caracterizado por el empleo del verso”.

A todo ello, la poesía de la respectiva obra estética, se vincula primero a la idea misma del acto creador de la poesía misma, donde se despliega el ser interior para despertar la sensibilidad que toda obra de arte debe erigir sobre la plataforma de la flexión de la comunicación especial que se concibe en el poema , un ejemplo es el siguiente:  BAJO EL CIELO” “Antes, la poesía sintió mis heridas; escríbase que me dolerá dos veces la muerte”. La percepción sobre lo tanatológico se deslinda con mucha certeza en el plano del contenido, no obstante en el nivel formal, la decadencia sintáctica:

 “ La poesía sintió mis heridas”

                     (N.V.) Origina lógicamente , una redundancia más orientada a la soberbia; el objeto activo (poesía) va hacia el poeta. Nos indica, que el poeta es el elegido, el ser elevado por la unción fenomenológica de las “heridas”, el acto en “si” de Heidegger, hacia el para “si” , es decir el objeto va hacia el sujeto del forema, y eso engrandece el vigor del mismo poeta; que se autodenomina “poeta” . Esto nos remite a Midas, hijo de Gordio y Cibeles, era el rey de Frigia. En todos los mitos en los que aparece, nunca se le representa como una persona demasiado inteligente; ya conocemos el viejo mito griego, donde Midas solicita los tres deseos, “Midas deseó que todo lo que tocase se convirtiese en oro. El deseo se cumplió y, aunque al principio estaba en­cantado con la novedad, muy pronto se vio rodeado de lujo y brillo y hasta lo que intentaba comer se endurecía al convertirse en metal. Incluso el vino, un don de Dioniso, se convertía en oro líquido al tocar sus labios”.

Desde la década del “90” hasta la actualidad Salvador Madrid, padece del complejo de Midas, todo lo que toca se convierte en “poesía” . Para no converger  en opiniones, proseguimos en el análisis literario, “Las palabras del poema me fueron heredadas”, resulta ególatra que el poema como ontología o como axiología sea heredado como el rey que dota de la corona a su hijo, o como los súbditos reciben de sus amos. A pesar del verso antes citado, no contiene desde lo semántico, donde identificamos una figura retórica llamada “idiotismo: Expresión gramaticalmente incorrecta o que por su forma carece de sentido”, desde el punto de vista poético. El decir común y el verso osado en el desgaste, “Las palabras”, ya se dijo cualquier cantidad de veces en la literatura. “Por quienes dijeron adiós” se escucha la tonalidad de Miguel Hernández o de Cesar Vallejo; “y sabían al hollín de las promesas en los malos tiempos”. En el núcleo verbal “sabían al hollín” ; el problema de construcción verbal radica, entre el manejo del V (saber) como actitud modal en la formación del semema ( hollín) discurre ser cinestésico y visual, situación que no concuerda en el sentido del poema, ni siquiera para conformar una hipérbole por hipoje o generar otra figura.  No existe novedad, los versos que hemos ido analizando, no corresponden a sorpresas que abonen a ciertos rasgos estilísticos, no se percibe alguna ruptura o aporte poético hasta los momentos desde el punto de vista de la semiótica de la connotación, los versos no alcanzan el sistema poético . Citamos un planteamiento de:

Carlos Barral contestará estas tesis desde las páginas de Laye con un artículo titulado “Poesía no es comunicación”, al que después se sumará el texto de Jaime Gil de Biedma “Poesía y comunicación”, aparecido en Cuadernos Hispanoamericanos. Primero Barral y después Biedma, basarán su rechazo a estas posiciones en la tesis de que el contenido que se expresa en un poema no puede quedar reducido a la transmisión de algo anterior a éste, sino que únicamente llega a tener lugar en él.

Siguiendo en este punto a T. S. Eliot, “ambos poetas estaban defendiendo a capa y espada la capacidad productiva de la forma literaria”.  Por lo tanto, Salvador Madrid se remite más al trabajo del contenido, aunque para las escuelas formalistas, el contenido y la forma no están separadas, por ello, en la respectiva obra, se visualiza la separación nefasta de la forma como vehículo del contenido, porque se soslaya de inmediato la cosmovisión o el punto filosófico en la estructura del enunciado, el “yo lírico” esta atravesado por el plano fonemático, lo que nos indica que Salvador Madrid  recurre a figuras de pensamientoy menos a las figuras semánticas, una ejemplo de figura de pensamiento es la invocación. f. RETÓR. Figura de pensamiento que consiste en invocar a un ser divino o sobrenatural. En los versos anteriores, sentimos de primera vista, la invocación que se suscita entre la poesía y el mismo.

Las palabras del poema ya no son mías

aunque mi herida aún ilumine el vacío

que me causó la muerte al arrebatárselas.

Luego en un efecto sorpresa, surge el despojo del verso en el imaginatio, da origen a un verso rescatable de gran construcción metafórica e hiperbólica, que honestamente nos sorprende estéticamente “aunque mi herida aún ilumine el vacío”, aun así carece de originalidad porque se ha escuchado  en las canciones rancheras algo similar Porque respiro por la herida” de Vicente Fernández.

En otro sentido, una de las características que debe poseer un poema es la desviación que en palabras de Charles Bruneau, basado en Valery expresaba que “ es decir no lo que es, sino lo que no es”.  El Estilo de Salvador Madrid, podría estar en los escondrijos de su obra poética anterior, “Visión de las cenizas” acerca de ello, Umaña expresa: “El trabajo de Madrid nos deja vibrando por una razón fundamental: no inventa nada, escarba en su pasado y con el mismo interés, dirige la mirada hacia el entorno. Este poeta no descree del amor (…) pide al lector que salga de la sombra, que abra los ojos”.  Si nos detenemos en la frase “No inventa nada”, de paso y en contrapeso, no se cumple a cabalidad el origen mismo [1]“De este modo, la poiesis que da lugar a las técnicas o a las artes, o bien será interpretada como una continuación de la obra divina de la creación, o bien será creación divina ella misma. Las técnicas o las tecnologías, lejos de ser una mera “estrategia ortopédica”, mediante la cual los hombres “desposeídos” intentasen imitar a sus hermanos naturales mejor dotados, habrían de entenderse como fruto de la actividad mitopoyética (E. Cassirer).

 

 

Detrás de cada técnica o de cada tecnología estará actuando una metafísica, dirá Heidegger.” En el caso que nos ocupa, nos preocupa que en la construcción del eje de selección de la poesía de Salvador Madrid, subyace, la usual emparentado con el estándar del modelo oficialista de escribir poesía, sencillamente, porque no inventa, y eso no determina lo del estilo, en palabras de los teóricos, el estilo es lo no corriente, es la desviación de la norma, y eso nos hace creer técnicamente, que la poesía está implantada en el paradigma superficial, solo para escucharla, y la escritura se disipa, no permanece, es etérea, no inmuta hacia otras esencias.  Por lo tanto el acto poético, desde el lenguaje natural, no se desvía, permanece en línea recta, por lo que al no poseer anormalidad, no posee un estilo.

En los versos siguientes, encontramos un lastre confundible hacia lo ensayístico, que puede incrustarse en el cuento o en la novela como lo estructuraba Jorge Luis Borges, incluso en poesía puede considerarse novedad. “ Quisieron opacarlas” “ pero ya son de otros que tienen”, nos remiten automáticamente a una especie de poder, donde la poesía se apresa y se aprehende, donde la selección natural darwiniana decide quien es poeta y que es poesía y eso lo notamos “Así que la justicia poética ha cumplido al llamado de la humillación” .

Esto nos quiere decir, que el poema se traslada a conformar su dimensión cerrada a ciertos grupos, sociológicamente, a los que son los apóstoles o llamados devocionalmente, ungidos por la praxis estética del oficialismo académico.

Creemos que Salvador Madrid, en dicho poema, cumple su amenaza de prohibir que otros o muchos ejerzan el oficio poético.

Quisieron opacarlas

pero ya son de otros que tienen por oficio creer

y el hombre después de creer, lucha;

así que la justicia poética

ha cumplido al llamado de la humillación.

Por eso, cuando metaforiza “luz” “demasiado hermosa para la ceguera” inmediatamente  se hace acreedor del acto creativo de la poesía, como algo divino, como los evangelios , únicos a predicar . Salvador Madrid, en sus equívocos de poeta, pierde el juicio en la construcción de un poema que podría catalogarse de salmo, o de cántico contra los profanos, contra los locos, contra los ajenos de la oligarquía poética que se convierten en los “Aparatos represivos de la literatura”.

“Entre estas palabras hay una verdad,”  tiene un sentido a periodismo o a texto que se emparenta más a la opinión; proclive a carecer de poeticidad.  Es cierto que el estilo se puede considerar como una desviación netamente personal en que se aúna la individuación . En otras palabras, la forma de escribir propia de un poeta u escritor. Lo que notamos que las figuras de pensamientos se convierten en un rasgo distintivo estilístico, aunque eso no le genera acierto estético desde lo poético.

Considerando que para tales juicios uno se avala de una diversidad de teóricos  donde las aportaciones son indispensables , la teoría de los formalistas rusos con Jacobson, los estructuralistas de Praga con Mukarovsky, los glosematicos de Copenhague de Hjelmlev, los estilitas o de la recepción de Riffaterre, considerando a los teóricos de la información como Besse y Walther, sin obviar a Greimas, Bajtín entre muchos. En el mismo orden de ideas, El propio Bally lo definía como “desviación del habla individual”, y Leo Spitzer como “desviación individual con respecto a una norma”.

La estructura oracional tiene tendencia a la explicación y a la afirmación conjuntiva  de situaciones gramaticales no merecidas en la estructura poética. Podríamos destacar algunas construcciones connotativas que giran en torno al acierto semántico “ una orilla para edificar un paisaje a quienes huyen, un traje de polen para endulzar el azogue de esta luz demasiado hermosa para la ceguera.” Si observamos los sememas “azogue”  y “ceguera” se convalida dos campos diferentes que armonizan la contradicción y origina una espacialidad en el poema, aunque formalmente recurre a cláusulas que debilitan el poema convirtiéndolo en usual(así que, la, y el, por, quienes) .  

Asume el carácter lírico que va entre paréntesis asociado a la denotación y a una manera libresca de expresión.  Porque el semema “azogue” discurre gastado y “ ceguera” contiene una tonalidad divergente de lo poético. 

Donde el sujeto del enunciado que es el poeta mismo, hace una digresión honesta en términos internos en el poema, aunque no se descarta que la riqueza léxica es carente, lo que fustiga que Salvador Madrid, va orientado a una tendencia de visualizar el poema como contenido, y como proceso comunicativo cotidiano, y dicha idea, honestamente, se asocia a las pre-vanguardias como ser  El Expresionismo, en cambio, es como un grito de desesperación que sale de dentro del ser humano; el artista necesita expresarse, gritar la angustia que siente y lo hará con grandes manchas de color, con exageraciones que deforman la realidad, con extrañas alegorías, con caricaturas e hipérboles” donde sobresalen en Latinoamérica José   Portogalo Raúl González Tuñón, Juan Gelman y Rodolfo Alonso.

 Salvador Madrid, en el estilo, desde el adentro va preocupado por extraer de la conciencia todas las subjetividades e intercalarlas en la superficie. Lógicamente desde el fondo, está bien efectuado, contrario , a la forma,  donde el expresionismo se queda sostenido en el enunciado  y no en la enunciación cuando expresa  DIALÉCTICA “ Está el hombre joven frente al hombre viejo de mi tierra”   cuando se hace acoplo al sema “hombre”  dos veces llegamos a la inconsistencia de una reiteración que desploma el poema y luego el núcleo verbal “ y el hombre joven sabe”  ( que la, es  él, en su) partículas que se escabullen de un rizoma a otro, perpetuando una simbiosis de elementos sintácticos que desglosan un desacierto poético.

 “y el hombre joven sabe que la única ventana” a la que puede asomarse en su vida” “ es el agujero en el pecho del hombre viejo.”

De inmediato, percibimos situaciones deformes; la simpleza del verso “ sabe que la única” es una estructura oracional ya usada en la poética y en otras textualizaciones, ronda entre un decir y un expresar, la contigüidad del poema, se pierde para emergerse en lo común. El cansancio lectoral que provoca recurrir a una lectura donde la repetición se vuelve un vicio en un poeta que ha definido el oficio poético como una profesión de fe de Er(ratas. La ligereza de los versos no muestra la profundidad que atañe a la dilecta filosofía, como cuando hace alusión a la “dialéctica”.

Es perfectamente posible la tentativa de una poética general que busque los rasgos comunes a todos los objetos, artísticos o naturales, capaces de provocar la emoción poética. Por razones de orden puramente metodológico, hemos creído preferible limitar desde un principio el campo de la investigación y, en un primer momento, no estudiar sino los aspectos propiamente literarios del fenómeno.

Lógicamente, no se puede negar que hay una desolación y ataraxia a la vez en los poemas de Salvador Madrid, aunque la madurez literaria está en veremos, a pesar de llegar a ser un distinguido promotor cultural, no deja de reconocerse que le falta mucho por lograr la arquitectura de un estilo reposado y profundo. En la medida, emprenda el vieja de los viejos poetas griegos como Anacreonte, o de Safo; le permitirá también convalidar a los poetas de las posvanguardias y las preocupaciones que dilucidan las rupturas formales, y también temáticas que atañen a la poesía impura que trabajaban Miguel Hernández, Arturo Serrano Plaja entre otros.

Y porque así es el tiempo

hoy soy de los hombres jóvenes de esta tierra,

pero sólo siento un sabor a ranciedad

en estos años nuevos;

nada más oigo entre el vértigo

la deriva que cae por una escalera infinita

y arrastra en sus giros lo poco de alma

que le queda a esas cosas que nos pertenecen

 

Los versos anteriores , me llevan a recordar la poética del frances  Saint-John Perse. Donde el poeta en Anábasis, logra perpetuar la búsqueda perenne del hombre sobre los secretos de la naturaleza y de la conciencia dormida. A la imbricación de la soledad y el desafuero al abandono, con intromisiones en la voz ilocutiva que deja que el poema algunas veces en un toque de piedra despierte la sensibilidad. Sin embargo, nos perdemos de la ruta poética, no existe el desvío, ni tampoco implicaciones a la ruptura del código, sencillamente el verso se esfuma, como el efecto del humo, se evaporiza , se convierte en espuma, etéreo, premeditado en el facilismo haciéndonos creer que ahí está entroncada la verdadera poesía. Lo único que encontramos es el estilo sin estilo,  No ha sido fácil recorrer este camino , por donde nos señalaron que se llega al amor.”

El verso se vuelve cursi, desgastado “ no ha sido fácil” cuya frase es común y de fácil digestión, “por donde nos señalaron” . Evoca la elipsis lírica, una pausa, un paréntesis, la ausencia de la estructura o la estructura de la ausencia, hay un componente en la poética de Madrid que se traza dispersándose donde la ontología del discurso lírico se intenta bucear en las profundidades de la connotación ; incluso el “yo” se emerge expandido, como una especie de poder y hegemonía en el significante con sus implicaciones aforísticas y con la precisión oportuna de esgrimir a la poesía en lo consuetudinario de cada época o de cada espacio geográfico.  Los atisbos de confesionalidad y de autarquía sintáctica, o sea , la poesía se escribe tal como el poemario de Salvador Madrid lo propone. Exponencialmente, la credibilidad de someter a los demás a los álgidos desaciertos ocultos y la ilusión metafórica acre- de redundancia no exime que soporte poemas mal escritos con temas bien planteados. 

y puede que alguien se acerque

a decirnos que debemos ser así,

mansos, de modales dulces

y que el hombre viejo es un ejemplo de vida.

No es necedad, ni asunto de conciencia,

pero poco vale este agujero

por donde quieren que vea la vida

y poco vale la vida

sí un hombre necesita un agujero para verla.

Quizás un trabajo esmerado de reposo con el tiempo necesario y con la perpetuidad de la palabra , podríamos rescatar la poética de Salvador Madrid en el sentido lato del término. Como lo dijimos anteriormente, no encontramos innovación formal, ni planteamientos estilísticos que sean propios de su individuación, que algunos rasgos de ciertos versos encontrados se asemejan más al aforismo y la construcción gramatical  más asomado al acto de “pensar” , y esto es válido en el sentido de la intrusión de filosofar sobre el acto de  “poemar”  ( palabra escrita por Saul Ibargoyen) sobre la poesía hasta no dejar descansar la serenidad y el reposo de las aguas de la verdadera fuente del lirismo. Acertamos con el argumento siguiente:

A este título podemos definir la poesía como una especie de lenguaje, y la poética como una estilística de dicha especie. Esta última plantea la existencia de un lenguaje poético e investiga sus caracteres constitutivos. Semejante definición presenta una considerable ventaja metodológica, pues permite a la poética constituirse en ciencia cuantitativa.

Algunos argumentos de Derrida nos ayudan a comprender que la escritura misma se disipa y se regenera en la escritura misma. Salvador Madrid, al sostener sus poemas en el plano de la oralidad en palabras de Zumthor , primero veamos lo que expresa Derrida: “ deserarquizar, donde todo se pone en movimiento en el doble mundo del significado” . La linealidad y el tradicionalismo se ocultan en los pliegues del texto poético de Madrid. Quizás poetiza a la vieja usanza de los neorrománticos donde se exalta el “yo”, ya que los mismos sememas que se enuncian “gloria” “ amor” “abismo” “vaciado” implican lexemas que han sido universalizados y el poeta hace acopio, se rebusca de esos campos isotópicos para facilitar el camino a los senderos de la poesía.

CÁBALA

Con palabras está forjada la gloria,

el amor con vestigios.

Mirador o abismo,

pero tentado el hombre asciende.

Los versos anteriores, me remiten de inmediato a la condena de Sísifo, subir y bajar la roca, o a Prometeo encadenado, eso es un logro desde la perspectiva del mitotema. Aunque sigo expresando, no hay impresiones o que el verso exsude o desprenda una láser para operar algún lunar en los ojos. O con los ojos cerrados escuchar la música que se podría emanar de sus versos, contrario a ello, hay mucha levadura potencialmente egolátrica, a nivel personal como poeta.

¿Qué barro lavarse en la altura,

en la voraz transparencia que induce al impulso?

No todo es signo, pero todo puede escudriñarse

como la silueta del monte contra la estrella,

como el rocío sobre un pecho vaciado.

Para culminar , estamos claros y precisos, que Salvador Madrid no posee un estilo, ni siquiera que apueste por lo visceral o por el apogeo de la poesía light. Donde seguirá creyendo, que la escritura es una especie de mecanismo donde se extraen clavos o se soban diviesos para elevar los egos a los confines.

Podemos decir que el movimiento romántico constituye el momento en que la poesía desarrolló por vez primera y de modo general está conciencia de sí misma. El clasicismo es la poesía inconsciente de sí misma. La poesía romántica se reconoce a sí misma como poesía”. A partir de este hecho, descubierto ya el fin estético propio del arte poética, es normal que el instrumento se haya adaptado cada vez más y mejor a su función.

Entonces es apartir del romanticismo donde la poesía evoluciona a lo que Valery le llamaría rotundamente “poesía pura” y es evidente presuntamente que el término “poeta”  se relaciona más con consistencia a los poetas como Rimbaud o Mallarmé

A medida del avance de su desarrollo, la poesía se ha hecho más y más “poética”, fenómeno tal vez generalizable y que permitiría -cada arte involuciona en un cierto sentido- definir la modernidad estética como un acercamiento cada vez mayor a su propia forma pura: la poesía, a lo poético puro; la pintura, a través del arte abstracto, a lo pictórico puro.

 

La gloria ocupa palabras, el amor, una herida.

Se desvanecen las palabras, no hay rigidez ni rigor creativo hacia lo formal, y el fondo carece de sensibilidad, más que todo solo discurre el acto acelerado de la palabra en forma de balbuceo, y lo expresamos , en el sentido que la poesía en la vieja costumbra es pura y anclada en la fenomenología del alma, y ahí es donde se confunde con el ego. Excepto, si se trasponen las nuevas tendencias poéticas desde Girondo, Gelman, Maples Arce, Rivagliatti, Parra y Enrique Lihn. Quizás Salvador Madrid, su apresuramiento de construir un escalafón literario y de apostarse a dominar el poder de quien territorializa la literatura, ha sumado un apogeo muy reconocible, donde ha confundido la cantidad con la calidad, y creyendo que con la osadía y la odisea de agrupar sociológicamente cualquier cantidad de legiones de sujetos poéticos, no dejará de seguir escribiendo tal mal, lógicamente que eso no podría ser visible cuando existen polarizaciones, y la crítica solo se construye en el ámbito de la camaradería y del compadrazgo la verdad estética queda relegada a la locura, y la hegemonía literaria. Sin salirme, cuando los versos “ Secreta hay una espada, manchada de sangre su herrumbre;”  esa frase “ una espada” “ su herrumbre” se abre erróneamente un problema sintagmático en el eje de selección, o sea solo elige las palabras, pero, le sucede a lo del mal cocinero, contiene todos los ingredientes para la sopa, no sabe la receta o la fórmula  de la sazón. O la del químico, que aflora crear una explosión de pólvora casera donde habrá efectos vecinales en segundos, o del ruido que nos traspasa como agradable en algún momento, no suple la encarnación crítica, ni la sensibilidad aflora, por lo que el estilo ausente, es contener estilo de no poseerlo.

 

 

sí fue honda la herida

y aun así pidió en la agonía mirar unos ojos,

la gloria tendrá su leyenda,

el amor, su indescifrable caída.

La frase “honda herida” “ mirar unos ojos” “ gloria tendrá” ya dijo, ya existen en el imaginario social de la literatura. En el poema “SIN QUEMAR LAS NAVES” discurre el atavío insoslayable  de emplear algunos defectos de arcaísmos “tosca” y además de epítetos empleados por los poetas rusos “cerezos salvajes” en Chejov, y “uvas derribadas” en Neruda.

Pensar en la tosca virginidad de una tierra

junto a los cerezos salvajes

y a las uvas derribadas por su abundancia

y su inútil delicia.

Otra vez la resonancia de las partículas que obviamente molestan el recorrido del texto poético ( sus, de la, de los, es el, su, y que); reconocemos que muchos que hemos venido publicando se nos escapan esos errores garrafales, pero cuando llega la maduración uno se percata de concebir la poda y el reposo de la obra hasta llegar a la cuasi-perfección,  para citar un ejemplo. El escritor Javier Vindel se asiste de dichas formas estratégicas, no acude a la precipitación , ni a la poesía romanticoide.

Aunque a sus costas llegamos en el alba,

no es el país de la infancia, ni de los sueños,

es el lugar de una oculta expulsión.

Para culminar nos queda los siguientes poemas con los subrayados, analice y medite apreciable lector. Quizás sin temor a equivocarnos, Salvador Madrid, si asume, con mayor consideración sus fallas estilísticas, y pulveriza el ego que allana su vasta poesía. Auguro que podrá ser un poeta que nos oriente en los senderos verdaderos de la poesía hondureña, de lo contrario,  asumimos, que aunque no seamos poetas, somos lectores, que evitamos nos den atol con el dedo. Ya sabemos que poseemos un ojo de pájaro y la velocidad de un águila para aguzar lo que supuestamente se está escribiendo, mejor llámenme ave rapaz, o animal que salivea la verdad  desde mis escondrijos.


Existe ahí el deleite de la somnolencia,

el árbol, su fruto

y la bestia.

 

No es una tierra ideal

sólo un lugar que aún aspira ser poseído,

con su dureza, su musgo y su ladera.

Insistimos en creer

(insistimos)

que la perfección es intocable

                             (repetición)

y que para nosotros

lo imperfecto es el único destino.

 

EL FIEL EXTRAÑO

 

Un sonido se ha desprendido

para vivir en la caída,

ese lugar del poema y su ceniza donde se reveló

que a nadie más pertenece este dolor,

( que a )

que no es otro hombre,

( que no)

nos pertenece su cráneo y su libreta,

                 (su, su)

sus aullidos ante la bastedad que presiente.

Es nuestra su extrañeza,

su hora,

(su)

sus flores amarillas,

(sus)

sus palabras.

(sus)

 

 

 

 

 

 

 

DERIVA

Una puerta abierta incendia la noche.

El silencio frota en el agua

( tono nerudiano)

(Ripio)

el reposo de unos ojos cerrados.

(ya se dijo)

De un lugar hablo.

(repetición verbal)

(común)

De una tierra.

(simple frase)

Hay un ruido hosco que escarba en lo intocable.

Y no hablo de esa tierra como si fuera Ítaca.

(repetición)

Hay una colina y un mar

(Verso sin connotación)

que nada más se imagina entre el polvo,

(deformación de cláusula) 

mientras el viento agita mi vacío y sigue su rumbo.

Es el olvido

–murmura mi olvido–

( vallejiano)

el habitante primero

que los antropólogos no clasificaron

(que los)

y que fue alimentado con vegetales,

(y que fue)

( verso gastado)

con juegos,

con burdos modales

(con, dos veces)

( abjetivación innecesaria)

hasta acostumbrarlo como un hombre

cuya alucinación obliga

a abrir la puerta cada noche.

(Ya se dijo en la poesía)

MIENTRAS LA SOMBRA

Escucha la vasta caída del resplandor entre los riscos; los viejos arcos, las flechas que indagan las heridas sin ceder aún a la negrura de las palabras últimas entre los fuegos condenados a la ceniza.

                                  ( se repite adelante)

Escucha. Escucha. Es la canción de los despojos.

                                               ( de los)

Ley alguna no se ha cumplido en este sitio. No hay parentesco entre la vida y la justicia, sólo el pecho del hombre iluminando la ceniza.

                                                                 (la ceniza)

Y esos ruidos que jubilosos se levantan, esas loas durarán menos que las argollas de

( y esos)

bronce en los mausoleos de la historia.

(de la)

Toma el instante por tesoro y ve el relámpago; abandona las sagradas ofrendas; no

                                      (y ve el)                                        (las sagradas ofrendas) ya se dijo

 

tomes fama, ni gloria alguna manche tu mano, sólo tu fuerza, la que aquí te trajo, la

                                                                                                    (la que aquí)

 

 

 

 

que hoy te impulsa. Ninguna promesa se parece a la esperanza.

 ( que hoy te)                                        ( se parece a la)

Escucha y mira. Y no temas. Ni lástima guardes de este lugar. Abre los ojos. Si estás

( y    , y)                                                            ( de este lugar)

de píe, en las colinas o en las hondonadas, es que eres el vencedor.

Escucha guerrero, de nuevo te llaman en la nada imposible, el trofeo es el vacío de la razón, el resto, tu pecho, otra vez solitario.

 

 

 

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