Los gajos del oficio, la crítica literaria en la chanchería. Oscar Sierra Pandolfi. 2022.
Los gajos del oficio, la crítica literaria
en la chanchería.
La crítica
literaria, lente en cámara lenta o en disparate, del que con prematura hazaña
concibe sin saña el comentario adulador, endulzado con el confort del
compadrazgo benedictino. El sombrereo abunda como un virus en el protoplasma
del favoritismo ferviente, de la odisea de escribir entre líneas, que el poeta de
turno con cabeza de avestruz está listo para el lanzamiento de cohete de la Nasa
a la luna de la fama. Con la solvencia
de adquirir el tráfago del aplauso, cae inútilmente en la arena movediza de sentirse
ególatra, foteado y entrevistado por los medios del Honduras Herald y las Honduras
Post. Sin obviar, que en la actualidad la crítica, contumaz, está acaparada en
las columnas periodísticas donde ya tienen el mausoleo de la selección
darwiniana, de quienes saldrán en la plana dominical bajo el visto bueno del
campo del poder cultural de unos secuaces con sello de historiadores oficialistas
y doctores en letras de dudosa procedencia.
El crítico, con aires de
sabelotodologia se deja llevar por la pose de David pensante, dando la
aprobación nefasta que el libro literario sea poema en el realce del ensalivamiento,
o una vergona novela con piel de lagarto y de tonos en pastiche. Los críticos, anuncian con fervor patriotero,
quienes son las meras jirafas de las letras, que analizan las obras poéticas y
narrativas, como quien echa miel en los labios, indicando, el sabor, el olor, la
estructura, la propuesta. Llevan agua al molino del autor que sale brillando
como una cometa en el partido que gobierna o en el partido desgobernado, su
función subyace, en tirar flores a su conveniencia. Lógico, la existencia de
estímulo, o regalía de un aplauso se podría dar en el encuentro del acierto
estético o de la proposición de lo novedoso o innovador, dejan de ser los
mediadores de los lectores en un mundo sin lectores.
El crítico, es el fantoche, o el
conocedor de las cosas y especialista en leyes civiles y penales, en el
sentido, está orinando fuera de la bacinica, o del ampuloso critico, que se
convierte ya tiempos en embajador, y ha sido adulador de las vacas sagradas de
las letras neocatrachas.
Mi clasificatoria,
el crítico de solapas, lee unas líneas de la obra literaria de equis autor y lo
eleva con el efecto de un proyectil al olimpo de la grandeza.
Otro tipo de crítico, es el que empuja a
sus discípulos al ánimo, aunque en sus adentros sepa que no tienen talento, los
estimula a escribir, una especie de mentiroso, con sorna y sarna en las
palabras. De críticos está lleno el diminuto reino de las letras catrachas, aunque
se me olvide, mencionar al crítico escribidor, el que ha ganado mil premios
desde Honduras hasta en la india, que ha sido comentado hasta por los griegos,
el crítico que sale con sus novelillas y
su cabeza pelada, tirando piedras, fariseo, critico hasta a unas majas que se
las ha agravado las hormonas, conciben la crítica desde el feminismo, tirándose
a reuniones, discriminando a los varones. La crítica, que gime y se repliega en
el halago, no es saludable, cuando alguien se asome, y ha crucificado sus
textos, valiéndose de la experiencia y el conocimiento, entonces, hablamos del crítico
verdadero.

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